Edmund Kemper: su infancia, las víctimas y su perfil criminológico


 

Siendo tan solo un adolescente, Edmund Emil Kemper III, también llamado “El asesino de colegialas”, asesinaría a tiros a sus abuelos paternos en la granja donde vivía con ellos.

Desde muy temprana edad este asesino en serie, evidenciaría su naturaleza violenta, sádica y despiadada, siendo su primera víctima una gata siamesa de la familia, la cual mató y enterró en el patio de su casa, para luego arrancarle la cabeza y colocarla en la cabecera de su cama. La intención con este horroroso hecho fue, la de hacer un altar para realizar sus oraciones. Además, este asesino tuvo desde niño la fantasía de convertir a las personas en muñecos, cosa que con el tiempo conseguiría.

Ed Kemper, “El asesino de colegialas” tenía una visión retorcida, donde la muerte y el sexo estaban completamente ligados. En cierta ocasión le confesó a su hermana Susan, que estaba enamorado de su profesora, pero la única forma que el concebía para besarla, era primero asesinándola. Además, este asesino también imaginaría el asesinato de su padre, un hombre al cual admiraba mucho.

Cuando Ed tenía 8 años, se encargó de mutilar a la muñeca de su hermana Ally. Le cortó las manos y la cabeza, y sobre esto, más adelante expresó en un interrogatorio: “Tenía en mi poder unas tijeras, le arranqué la cabeza a la muñeca, y dije para mí, se la colocaré de nuevo. Y siguió: “Es como si no le hubiese hecho nada, así que le corte las manos, y le dije a mi hermana, “toma, allí tienes un juguete roto y ahora yo tengo otro”. “Esa fue mi respuesta”, afirmó Ed.
 

Juegos macabros


 

También a la edad de 8 años escenificaba diversos juegos macabros jugando con sus hermanas. Este precoz asesino, creaba una escena donde montaba en una silla eléctrica imaginaria a sus hermanas, amarrándolas a un sillón; también simulaba el juego de la cámara de gas. Todos estos comportamientos retorcidos de Kemper tendrían un origen, que veremos mas adelante.

Ed Kemper relataría en un interrogatorio, que desde muy niño su madre Clarnell le sometería continuamente a maltratos y desprecios. Su padre siempre intentaba defenderlo, pero ya para ese momento era demasiado tarde. Además, Kemper fue sometido a una severa educación por parte de su madre, donde le inculcaría que el sexo era pecado; esta siempre tuvo temor de que Ed violara a sus hermanas, por lo cual lo enviaría a dormir en el sótano de la casa.

Todas estas acciones por parte de su madre, más la presencia de una patología a nivel psicológico, habrían llevado a Ed a desarrollar un fuerte odio y rencor hacia la figura femenina, especialmente hacia su progenitora.

Ed comenzaría a mejorar un poco su conducta cuando se fue a vivir con su padre a Los Ángeles; pero este no logró encajar en el colegio, ya que muchos niños se burlaban de el por su exagerada altura. Por tal razón, su padre decidió llevarle a vivir a una granja en North Fork con sus abuelos, quienes además lo ayudarían con su educación, ya que la madre no quería ocuparse de el.

Estando Ed en la granja de sus abuelos, su abuela comienza a maltratarlo emocionalmente de manera reiterada, y un buen día toma la decisión de asesinar a ambos. Cuando el Sheriff del condado le pregunta a Ed, por qué había cometido ese horrible hecho, la respuesta de Ed fue: “Siempre me preguntaba lo que sentiría al matarlos”

Posteriormente a este hecho, le fue realizado a Ed un estudio psicológico donde le diagnosticaron, Esquizofrenia Paranoide. Este sería hospitalizado en un lugar que se especializaba en atender a criminales con este tipo de trastorno; saldría de este recinto a los 21 años.
 

Comienza la cacería


 

Ed Kemper mostraría una excelente conducta en el recinto psiquiátrico donde estuvo por años hospitalizado, llegando a ser además ayudante del personal. Para el año de 1969 Ed Kemper “El asesino de colegialas”, era un hombre de exagerada altura, con un peso de 130 kilos, cuyo coeficiente intelectual era el de un genio (145). Para ese entonces regresaría a la casa de su madre Clarnell, hacia la cual alimentó en años un terrible odio.

El 7 de mayo de 1972, Ed tuvo una pelea fuerte con su madre Clarnell, y a raíz de eso tomaría la decisión de subirse a su coche e ir a buscar víctimas. A las 4 de la tarde de ese día, observó a dos estudiantes y les ofreció llevarlas a la Universidad de Stanford. Se trataba de Mary Anne Pesce y Anita Luchessa. Cuando iban rumbo a la Universidad, Kemper se desvió del camino hacia un lugar solitario. Las jóvenes al ver esto le preguntaron a Kemper que era lo que él quería, y este sacó su pistola y les respondió, “Ya ustedes saben lo que quiero”.

Encerraría primero a Anita en el maletero del coche, para luego asesinar a Mary Anne; referente a este hecho, Kemper narraría en un interrogatorio lo siguiente: “Le cubrí la cabeza con una bolsa de plástico e intenté estrangularla con un cinturón pero ella se oponía con mucha fuerza, y por eso con la navaja, busqué el lugar aproximado del corazón y le atravesé la espalda. Después se volteó completamente para cubrir su espalda, y en ese momento le metí la navaja en el estómago”. Le propiné varias puñaladas y eché su cabeza para atrás, y le corte la garganta. Allí quedó inconsciente”

Estando Anita en el maletero del coche, escuchaba como gritaba Mary Anne; ella sabía en ese momento que correría la misma suerte, ya que el asesino no la dejaría con vida. Kemper apuñalaría a Anita de forma más sádica y violenta. Posteriormente a ese horroroso hecho, se trasladaría con los cuerpos a su piso y les tomaría fotografías las cuales guardaría de recuerdo.

No satisfecho con todo lo cometido, se encargaría de decapitarlas y además violaría sus cabezas y sus cuerpos. Luego los cortaría en pedazos y los guardaría en bolsas plásticas. Al siguiente día, se trasladaría con ellos a la zona más alta de Santa Cruz en California, y enterraría allí parte de los restos de los cuerpos; otra parte la echaría en un vertedero. Luego de estos cruentos hechos, Ed Kemper siempre iría a visitar la tumba de Mary Anne, a la cual dijo amar y necesitar.

Luego de que Ed Kemper, o el “Asesino de colegialas”, saliera del psiquiátrico donde estuvo recluido por años, tendría la obsesión compulsiva de recoger autoestopistas con su coche. En principio su presencia provocaba rechazo debido a su exagerada altura, pero las chicas al ver el carnet de la Universidad de California, sentirían la confianza de montarse en el coche del asesino.
 

Edmund Kemper: su infancia, las víctimas y su perfil criminológico
 

Un truco mortal


 

“El asesino de colegialas” Ed Kemper, prepararía con absoluto detalle y cuidado todos los crímenes. Este conocía perfectamente el mapa de carreteras del Estado de California, y además conocía lugares remotos donde podría llevar los cadáveres. Las víctimas de este asesino serial siempre fueron estudiantes de la zona, donde en ese entonces se encontraban matriculados más de 100.000 alumnos, por lo cual sería fácil pasar inadvertido.

Este asesino tenía un coche descapotable de 3 puertas, donde siempre llevaba navajas, pistolas, mantas y bolsas para introducir los cadáveres de las estudiantes. El detective que dio captura a Kemper explicó, que el vehículo de este poseía un truco, ya que tenía una manilla de seguridad y cuando la puerta era cerrada, se bajaba un pestillo que impedía a la puerta volver a abrirse; es decir, que esto hacía imposible que las víctimas pudieran salir del coche.

Entre los años 1970 y 1971, estiman que este asesino subiría a más de 150 autoestopistas a su coche. De esta manera perfeccionaría su estrategia de cómo se debía comportar para no molestarlas e infundirles miedo, es decir para que las víctimas tomaran confianza y decidieran montarse en su vehículo. El propio Ed expresaría acerca de sus estrategias para no ser rechazado por las estudiantes, lo siguiente: “Si observas tu reloj y dices: «¡Un momento, no sé si tengo tiempo!» y paras, entonces ellas piensan, «este es un hombre de negocios, vamos a montarnos en el coche porque realmente no existe ningún peligro”. Y sigue expresando el criminal: “Para ese momento no quería matar a nadie, pero esta estrategia me sirvió para usarla con las que si asesiné”.

Así Kemper, poco a poco adquiriría absoluto conocimiento sobre las horas y lugares donde le resultaría fácil montar en su coche a estudiantes, sin que nadie se diera cuenta de ello.

Mientras que el “Asesino de colegialas” perfeccionaba su técnica de persuasión, y se iba puliendo como asesino, la relación con su madre se agravaría. En el tiempo que Kemper estuvo en el hospital psiquiátrico, su madre ya se había casado dos veces más, por lo que su regreso a la casa generaría absoluto rechazo. En ese tiempo las discusiones de Kemper con su madre fueron muy frecuentes y crueles a nivel verbal. El asesino confesaría muchos años después lo siguiente: “si mi madre hubiese sido un hombre ya hace tiempo me hubiese liado a puñetazos más de una vez, pero era mi madre, y ese era el problema”.

Como forma de escapar de esa situación compleja y conflictiva con su madre, Ed solía frecuentar el bar Jury Room. En ese tiempo además, quiso alistarse para ser policía e imitar a su ídolo preferido del cine John Wayne, pero fue rechazado por la exorbitante estatura que tenía.
 

Un trofeo en casa


 

Mientras Ed Kemper estuvo trabajando como guardavías, conseguiría salir de la casa de su madre; en ese momento se mudaría solo a una habitación en San Francisco. En ese sitio llevaría los cuerpos de sus siguientes víctimas, ya que no levantaría sospechas. Ed Kemper, o el “gigante Ed” como le llamaban sus amigos, mantenía su personalidad asesina oculta.

La siguiente víctima en ese tiempo de Kemper, sería Aiko Koo la cual solo tenía 15 años. El día que la víctima se encontró con el asesino, iba camino a sus habituales clases de baile. Cuando éste la intercepta, la viola salvajemente y luego la asesina. Su cuerpo lo metería en el maletero de su auto y lo llevaría a la casa de su madre.

En ese momento comenzaría a ir diariamente a la casa de Clarnell para ver si ella se había percatado de algo raro en él, pero ella no se daría cuenta de nada. Allí el asesino percibe que ya ha perfeccionado su técnica y su acostumbra a su doble vida.

Aún estando el cadáver de Aiko en el maletero, el asesino lo tocaba para percatarse de las partes que todavía permanecían calientes. Este sentía la curiosidad de tocar su «obra».

Es importante además señalar, que Kemper asesinaría a Aiko mientras se encontraba asistiendo a sus citas con el psicólogo forense, donde le realizaban con regularidad diversas pruebas. Cuando le tocó asistir a la última de ellas, este asesino fingiría tal lucidez, que los peritos llegaron a la conclusión que Kemper ya no era peligro alguno para él, ni para nadie. Ellos observarían notables progresos en Ed, recomendando a las autoridades eliminar sus antecedentes juveniles. El engaño de este asesino fue tal, que mientras los expertos estaban recomendando todo ello, Kemper llevaba en el maletero de su coche una víctima decapitada.

La sed de matar del “Asesino de colegialas» y sus crímenes siguieron aumentando. Tal sería su instinto asesino que Kemper comenzaría a frecuentar el campus de la Universidad de California el cual estaba cerca de donde se encontraba viviendo. En ese momento, Ed quebrantaría la regla fundamental de los asesinos en serie como es, el no actuar en lugares donde los puedan identificar. Sin embargo siguió adelante con su cometido.

Acompañado de un arma calibre 22, con cañón de 15 centímetros, “El asesino de colegialas” continuaría una y otra vez con sus acostumbradas cacerías; y es a partir de allí que comenzaron a desaparecer muchas estudiantes, para ser encontradas posteriormente mutiladas y asesinadas.

El macabro plan que pondría en práctica el asesino para cazar nuevas víctimas, era el de hacerse pasar por un hombre que se quería suicidar. De esta manera conseguiría que la víctima sintiera compasión, y así llevaba adelante su crimen.

La mayoría de estos crímenes coincidían con fuertes discusiones que sostendría con su madre. Luego de marcharse enfurecido de la casa de su progenitora, el “Asesino de colegialas” se disponía a cazar a su siguiente víctima.

Mientras realizaba sus terribles asesinatos, una idea persistente rondaba la cabeza de la bestia asesina, y ésta era poner en marcha la «obra maestra de matar a su madre». Cuando Kemper fue interrogado en prisión por un criminólogo, expresaría estas abominables palabras acerca del asesinato de su madre: «Le corte la cabeza con un afilado cuchillo y luego procedí a decapitarla. Al cabo de unos minutos, violé su cabeza ya cortada. Cuando termine aquello, la coloqué encima de una mesa y comencé a gritarle por más de una hora, lanzándole dardos».

Esto lo narraría Kemper sin inmutarse.
 

El origen del mal


 

Cuando Kemper asesina a su madre, en ese momento cesarían los múltiples asesinatos a estudiantes. Pero al percatarse de que había asesinado a su propia madre, sintió que su doble vida acababa de derrumbarse. Es aquí cuando comienza a preguntarse: «¿Cómo voy a decirle al resto que mi madre no está? ¿Debo decirles que se fugó?, eso es imposible, ella nunca hubiese abandonado a su familia. ¿Debo confesar que la maté?, pero y ¿Si preparo la desaparición de una amiga de ella? Creo que esta historia de su amiga, daría pie a nuevas investigaciones».

Entonces buscó la agenda de su madre y escogió a Sally Hallett gran amiga y compañera de Clarnell, como su próxima víctima, para lo cual no hizo falta que Kemper la llamase, ya que ella acudió por sus propia voluntad a visitar a Clarnell a las 17:30 horas de ese mismo día.

Ed salió y le mintió, expresando que su madre en ese momento no se encontraba en casa y la invitó a que regresara en horas de la noche para cenar con ellos, ya que celebrarían su nuevo trabajo. A las dos horas Sally regresaría. Ya para ese entonces Kemper había colocado trampas por toda la casa, además de sellar todas las puertas y ventanas. También, colocó armas en todas las habitaciones y guardó unas esposas en sus bolsillos.

Cuando Sally entra a la casa, Ed se disculpa porque su madre aún no había llegado; en ese momento la víctima se sienta en el sofá y dice en voz alta: “porque no nos sentamos, estoy muerta”; esa frase sería el detonante que el asesino estaría ansiando. Estando ya Sally en el sofá, el asesino se le abalanza y la golpea en el estómago y en el pecho. Luego la levanta por el cuello y la asfixia, rompiendo su tráquea. Posteriormente la extiende en el suelo y envuelve su cabeza con bolsas de papel y procede a apretarle nuevamente el cuello, para cerciorarse de que había muerto.

Después de este horroroso de asesinato, la acostaría en su propia cama. Tiempo después se marcharía al bar de los policías, donde no levantaría ningún tipo de sospecha ya que su mirada distraída y tranquila, lo hacía pasar inadvertido.

De regreso a la casa de su madre, cortaría la cabeza de Sally y luego se acostaría a dormir. Cuando Ed despierta se da cuenta de que estaba perdido, ya que no había asesinado a dos extrañas en la calle, sino que se trataba de su madre y su mejor amiga, y además en su propia casa. El “Asesino de colegialas” ya no tendría escapatoria alguna.

Entonces Kemper decide dejar una nota en casa de su madre, donde confesaría todos sus crímenes y trasladarse a Colorado. Estando ya en Colorado, con el cadáver de Sally en el maletero del coche, decide llamar a la policía para confesar todos los crímenes cometidos. La policía no le cree, pero cuando Kemper llama por segunda vez a la policía estos ya tomarían la decisión de buscarlo para arrestarle.

Cuando la policía lo atrapa, “El asesino de colegialas” decide explicar todo con lujo de detalles, pero sin abogados. Así relataría cada uno de los asesinatos que había cometido, además de su modus operandi: como los planificó, como torturó y asesinó, y además informaría la ubicación de cada uno de los lugares donde enterró los restos de los cadáveres. Todo esto lo narraría de manera fría, coherente, inescrupulosa y totalmente lúcida, gracias a su memoria prodigiosa.
 

Perfil criminal de “El asesino de colegialas”


 

El perfil criminal de Ed Kemper, conocido como “El asesino de colegialas”, presenta las siguientes motivaciones y características:
 

  • Los asesinatos cometidos por Kemper a las estudiantes serían la preparación para decidirse a asesinar a su madre.
  • El asesino culpaba a su madre de la ausencia de su padre, además de todos los años de maltratos y desprecios a los que le sometió.
  • Sin embargo, con el asesinato de su madre, Ed no obtuvo ningún tipo de satisfacción, y esto lo llevaría a tomar la decisión de entregarse.
  • El asesino fue diagnosticado con un tipo de «esquizofrenia paranoide»

 

El 8 de noviembre del año de 1973, en California, Estados Unidos, Ed Kemper, comúnmente llamado “El asesino de colegialas”, sería condenado a cadena perpetua, sin posibilidad de libertad condicional.

El que se encargaría de las investigaciones de la defensa de Kemper, Harold Cartwright, dejaría claro, que este asesino no debía salir nunca más de prisión, para lo cual expresó: “no puede salir, porque no se puede ni se debe correr el riesgo en absoluto, de que los crímenes abominables cometidos por esta bestia asesina, los pueda volver a cometer. Así que no, no y no, yo no quiero ni deseo volver a ver a este asesino fuera de las rejas, aún a pesar de haber participado en su defensa”.

Al respecto Kemper expresaría: “Si yo fuera la sociedad, no confiaría en mi”. Además, “El asesino de colegialas”, afirmaría en uno de sus interrogatorios: “Con la muerte de mi madre, la sed de matar se extinguió”

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CFEC | Centro de Formación Estudio CriminalEdmund Kemper: su infancia, las víctimas y su perfil criminológico

19/04/2021