El proceso de normalización

Mtro. Guillermo Lavín Álvarez
Instituto Nacional de Ciencias Penales
México


 

A lo largo de estas páginas ha hecho aparición en reiteradas ocasiones la palabra normalización haciendo alusión a un proceso de normalización. Es entonces momento de definir esta palabra para dar los pasos siguientes en la tinta aquí plasmada. En lo normal y lo patológico, George Canguilhem (citado por Hernández Delgado) aborda este problema de manera precisa:

“Normar”, “normalizar”, significa imponer una exigencia a una existencia, a un dato, cuya variedad y disparidad se ofrecen, con respecto a la exigencia, más aún como algo indeterminado y hostil que simplemente como algo extraño. Concepto polémico, en efecto, aquel que califica negativamente al sector del dato que no entra en su extensión, aunque corresponda sin embargo su comprensión. (Hernández, 2013, pág. 90).

La llamada normalización se encargará entonces de regresar o de encauzar a la persona a lo que es “correcto”, a lo “normal”, a lo “bueno”. Esta es la función descrita por Foucault sobre las sociedades disciplinarias, esas sociedades donde la disciplina entra como estatus prioritario y todo aquello que se salga de los estándares establecidos tendrá que ser normalizado, regresarle su funcionalidad y por lo tanto “reinsertarlo” en el sistema que le corresponde. Aquí es donde distintos dispositivos como el de poder o disciplinarios, se mezclan con el dispositivo psi

Que reúne todo aquello que se reconoce por la partícula silábica menciona: psiquiatría, psicología, psicofarmacología, hospital psiquiátrico, sociedades psiquiátricas, psicopatología, psicopedagogía, psicología laboral, etc., y otras denominaciones que suponen el prefijo tales como salud y enfermedad mental, clasificación de los trastornos, personalidad y sus disorders, etc. (Braunstein, 2013, pág. 47).

El cual entonces se encuentra en congruencia con el saber médico, quedando entrelazado con los dispositivos previamente mencionados, “el saber psi se acomoda al sistema disciplinario que funciona para todos los indisciplinados. Desarrolla sus instrumentos de acción, delimite su jurisdicción, marca sus territorios en la escuela, la cárcel, la fábrica, etc.” (Braunstein, 2013, pág. 48). Esta es la marca dejada por la ideología del castigo, esa ideología que a lo largo de la historia de la humanidad se ha ido modificando pero siempre con vistas en lo bueno y lo malo, con lo correcto e incorrecto, con lo sano y enfermo (normal y anormal), punto sobre el cual se encuentra sustentadas muchas de las prácticas del castigo o sino las prácticas, la justificación para éste. Es la labor que ha hecho de igual forma la criminología positivista, esa criminología iniciada por Cesar Lombroso y que hoy en México (Rodríguez Manzanera, 1981), (Rodríguez Manzanera, Criminología Clínica, 2009), (Hikal, 2009) y en gran parte del mundo continúa imperando, aun cuando existen muchas otras Criminologías, (Baratta, 1982); (Zaffaroni, 1993); (Lea & Young, 2001); (Aniyar de Castro, 2010) (Pámanes, 2012); las cuales al no servir al poder hegemónico establecido como lo hace la clínica, quedan resguardadas y fuera de la visión de muchas universidades y más aún de la práctica misma. Dejando a la Criminología Clínica la función de reproducir el discurso del anormal al que se le debe de castigar y normalizar, pues ese es el saber científico, justificando entonces la prisión a su vez.

 

el proceso de normalización

El proceso de normalización

 

Con el positivismo criminológico el sistema penal, sufre ciertas modificaciones. El delito deja de ser un ente abstracto que califica como lícita la acción de un hombre racional que libremente transgrede el orden social instaurado por el contrato social y adquiere corporeidad. En el positivismo criminológico, el delito tiene sus causas en el delincuente. La maldad tiene nombre propio y las causas serán en el mayor de los casos, biológicas (Gómez Jaramillo, 2008, pág. 78)

El positivismo no sólo ha predominado en las instituciones carcelarias y en el saber científico hegemónico, también ha contribuido a la realización de masacres que a la fecha son consideradas como genocidios (Morrisson, 2012); se integra el saber criminológico positivista, el dispositivo psi y el saber médico para continuar con la tendencia normalizante de las sociedades disciplinarias. Lo que se tiene que resaltar es que este proceso de normalización viene arrastrando la ideología del castigo, esa ideología que constantemente selecciona a los “enemigos” o a los “otros” de cada momento histórico, en nuestras sociedades actuales esto lo presenciamos en los “enfermos mentales”, “en los anormales” (Foucault, 2007), “en los perversos” (Roudinesco, 2009), en la “infraclase” (Bauman, 2007), los “excluidos” (Osorio Jaime (Eds.), 2011) y por supuesto en la noción del “terrorista”, enemigo principal al cual se le debe de quitar toda noción de persona y vulnerar entonces todo derecho humano posible.

Este control y “ayuda” otorgada por lo saberes médicos, psi y el positivismo criminológico ha dado la pauta para la creación del individuo peligroso y a su vez entonces “se trata del miedo a los monstruos (supuestos individuos trastornados, asociales malvados ocultos en la noche esperando niñas inocentes para violarlas), como justificación de dominación y exclusión ejercida a través del castigo penal” (Gómez Jaramillo, 2008, pág. 20). Esto es lo que llamaremos el legado de la ideología del castigo, esa práctica de poder seleccionar el grupo al cual se le debe de aplicar el castigo, siempre con miras en los intereses de una clase sobre la otra, siempre con esa intención de dominación encubierta por los saberes científicos y morales que permean a la sociedad, teniendo dentro de su esencia un proceso normalizante para todo aquel que se “desvíe” de los esquemas ideológicos establecidos. “La función de los castigos, entonces, no es preservar la moral, las buenas costumbres, la equidad, la igualdad sino un orden de las diferencias, de las jerarquías, de las desigualdades aunque lo encubre con apelaciones a la moral, a las buenas costumbres, al bien común” (Gómez Jaramillo, 2008, pág. 20)…«Ver Artículo Completo»
 


” El proceso de normalización ” – Extracto de:

FUENTE

Autor: Mtro. Guillermo Lavín Álvarez (México)
Título: La ideología del castigo y el proceso de normalización (pp. 81-96)
Revista: Archivos de Criminología, Seguridad Privada y Criminalística. Año 3, vol. V agosto-diciembre 2015

29/04/2024

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