El poder de castigar

Mtro. Guillermo Lavín Álvarez
Instituto Nacional de Ciencias Penales
México


 

El castigo no es una ideología que se haya instaurado en unos pocos años junto con el nacimiento de la prisión, al contrario, éste lleva existiendo desde siglos atrás y siempre se ha ido aplicando a personas muy selectas, es decir, este castigo tenemos que develarlo como algo que nunca ha sido establecido de una manera justa, alejándose esto de las concepciones que hoy se pueden tener sobre un sistema penal justo, siendo éste lo contrario, reafirmando al día de hoy las palabras que ya hace años nos dejó Alessandro Baratta, “el derecho penal no es menos desigual que las otras ramas del derecho burgués, y que antes bien, contrariamente a toda apariencia, es derecho desigual por excelencia” (Baratta, 1982)4; pero antes de adentrarnos en el sistema penal actual, tenemos que hacer algunas anotaciones sobre la trayectoria que el castigo ha tenido a lo largo de la historia, una historia que ha caracterizado a esta práctica por ser deshumanizante, salvaje y violenta a grados que hoy podríamos tachar de excesivo.

Una de las primeras “limitaciones” para el castigo se encuentra en el llamado código de Hammurabi, código el cual contiene la ley del Talión para poder entonces regular la “venganza privada”, posteriormente podemos encontrar y, si queremos verlo de esa forma, uno de los primeros tratados de derecho penal o código penal aunque en esos momentos no se considerara como tal, pues esta ciencia penal como la conocemos al día de hoy no estaba instaurada; nos referimos al Malleus Malleficarum (Kramer & Sprenger, 2004), también conocido como el “martillo de las brujas”, texto utilizado de manera contundente por la inquisición. Anteriormente se mencionó que éste puede ser clasificado como uno de los primeros códigos penales y esto es debido que dentro del texto se encuentran clasificaciones de conductas y el trato (pena) que le corresponderá; la diferencia radica en que todas las conductas plasmadas en el escrito se refieren a las brujas, siendo muy claros en que no podían existir brujos ya que son las mujeres quienes hacen los tratos con los demonios y por lo tanto, es necesario que este demonio sea retirado del cuerpo de la mujer, terminando casi siempre en un trato donde el castigo era la horca, hoguera y cuerpos arrojados a los ríos, dando lugar a una de las más grandes cacerías de la historia. Me centro un poco en este punto ya que es imperativo para que podamos observar como la ideología del castigo, dependiendo el momento histórico en donde pongamos la vista, se encontrará legitimada hacia un grupo determinado de personas, es decir, regresamos al derecho desigual por excelencia. Podemos ahondar un poco más cuando vemos que desde siglos anteriores y con base a mitos y diversos textos continuamos reproduciendo discursos y prácticas que muestran una fuerte discriminación hacia grupos selectos como aun sucede con las mujeres.

Posteriormente, el grupo señalado para el castigo cambiará, ya no será únicamente la mujer, se modificará hacia aquel que roba y que deberá de ser castigada de la manera más ejemplar posible, es decir, ahora son los mendigos aquellos en donde el poder de castigar caerá, por ser estos desposeídos de bienes y a su vez entonces poseídos; en estos puntos existirá la ideología de dar una moneda a estas personas excluidas, pues con ese pago se está expiando culpas, se está mostrando lo benefactor y buena persona que son aquellos “nobles” y con esto el lugar en el cielo estará asegurado. Nuevamente es de gran importancia localizar este tipo de ideologías desde un aspecto teológico o divino, pues de aquí podemos ir señalando lo que es “bueno y malo” (Nietzsche, 2003), esa primera división que más adelante iremos expandiendo en “normal y anormal” “correcto e incorrecto” “desviado y no desviado” etc. Esas ideologías que se ven atravesadas por el poder, encontrándose éste inserto en distintos dispositivos; esas ideologías que se sirven de la condición dominante en la cual se encuentran y entonces asentadas en esa base comienzan a permear toda otra ideología con el fin de que sea la suya la que impere. Terminando esto reflejado en la “disciplina”, en el “deber” y por supuesto en el “hacer” así es como:

Siempre han existido los rebaños humanos, desde que existe el hombre y en todas las épocas (en forma de grupos familiares, comunidades, tribus, naciones, Estados e Iglesias), y es por ello que siempre ha sido la inmensa mayoría quien ha obedecido y un número muy reducido el que ha mandado; considerando, pues que la obediencia ha sido lo que mejor y más constantemente han ejercido al igual que cultivado los hombres, es justo suponer que, en general, todos los individuos poseemos una necesidad innata que nos impulsa a obedecer, una especia de conciencia formal que ordena: “Sea lo que sea, debes hacerlo incondicionalmente, o no hacerlo incondicionalmente”, en una palabra: “debes” (Nietzsche, 2003, pág. 120).

 

el poder de castigar

El poder de castigar

 

Y de la pluma de Foucault nos dice que: “el pensamiento de los ideólogos no ha sido únicamente una teoría del individuo y de la sociedad; se ha desarrollado como una tecnología de los poderes sutiles, eficaces y económicos, en oposición a los gastos suntuarios de los soberanos” (Foucault, 1976, pág. 118)

Es así entonces, cómo la ideología del castigo se ha visto permeada por los discursos hegemónicos del momento y contexto sobre el cual esté posicionada la humanidad, el castigo realizado por la inquisición hacia las brujas fue sólo un ejemplo de cómo se han dado las transiciones, pero lo que podemos ir apuntando en estas líneas es que la noción de lo “bueno y malo” no se ha quedado estática y en estos momentos vemos su forma en lo “normal y lo anormal”. Para explicar esto tenemos que seguir recorriendo el rastro dejado por la ideología del castigo y llegaremos al momento en donde esta práctica tenía que ser aplicada como ya fue mencionado con anterioridad, de la forma más ejemplar posible; una forma en donde el castigo era aplicado al cuerpo plenamente, donde se realizaba en una plaza pública como ejemplo y la forma de hacerse era aquella denominada como suplicio, donde el tormento era uno que no se puede describir con exactitud ya que éste supera toda noción establecida del sufrimiento humano. Este suplicio fue suplantado en el siglo XVIII, ya no era el cuerpo lo que se tenía que castigar y en donde deberá de caer tendrá que ser ahora el alma, es decir, el cuerpo ya no será único receptáculo, sino ahora también el alma, la cual tendrá que encontrar una expiación, a través de la pena, he aquí el nacimiento de la penitenciaría.

Así las cosas, entre los siglos XVIII y XIX vemos la aparición de la prisión, de la cual existen varias explicaciones, (Dario & Pavarini, 1980), (Gómez Jaramillo, 2008). Institución creada para ejercer el castigo como “última ratio”, centrando su objeto en el alma de la persona, desapareciendo el suplicio al cuerpo, pero lo que debemos anotar es que la prisión puede ser considerada como otra forma de suplicio, ya que dentro de estas instituciones las condiciones son todo menos las óptimas para vivir y por lo tanto desde este momento podemos mencionar que la llamada reinserción social no puede existir. En esta parte no podemos olvidar la llamada “benignidad de la pena” realizada por pensadores de la ilustración siendo Cesar Becaria el portavoz más importante de esta “humanización” de la pena, realizando críticas al sistema penal de su momento y por lo tanto entonces de la importancia que tenía el ver al delincuente como un ser humano; el marqués formula una crítica en diversos puntos, centrándonos en la realizada a la pena de muerte con la cual pareciera no estar de acuerdo, siendo este punto uno por los que se le recuerda pero es a su vez uno contradictorio ya que lo que demuestra es que ésta puede ser legítima en ciertas ocasiones:

Por solo dos motivos puede creerse necesaria la muerte de un ciudadano. El primero, cuando aún privado de libertad, tenga tales relaciones y tal poder, que interese a la seguridad de la Nación: cuando su existencia pueda producir una revolución peligrosa en la forma de gobierno establecida. Entonces será su muerte necesaria, cuando la Nación recupera o pierde la libertad; o en el tiempo de la anarquía, cuando los mismos desórdenes tienen lugar de leyes (Beccaria, 1993, pág. 119).

Así podemos constatar cómo esa benignidad de las penas continúa legitimando el castigo mientras se presenten las condiciones necesarias, condiciones que en las sociedades contemporáneas hacen aparición en una forma constante. Este tipo de humanización de las penas traído de siglos atrás, sigue teniendo una injerencia en los pensamientos modernos, el ejemplo más claro está en aquellas corrientes garantistas que abogan por un respeto de las garantías, pero que en el fondo continúan aun legitimando este poder de castigar (Anitua, 2004); siendo entonces característica esencial de éste que se encuentre legitimado ya que esta facultad será la que permita que se pueda efectuar de la manera que se quiera sin que éste sea considerado como inhumano, el día de hoy se ha modificado un poco alegando una “benignidad de las penas” y así poder darle el carácter humanitario que no se tenía en siglos pasados, una benignidad que no puede ser vista sino como una pantalla o falsa benignidad pues el castigo continúa siendo una de las formas más contundentes de la violación a nuestros derechos humanos.

Hasta este punto, se ha intentado ver algunas de las huellas dejadas por la ideología del castigo y cómo estas han tomado forma en las sociedades contemporáneas, llegando a la metamorfosis que hoy conocemos de la prisión como castigo por excelencia y no únicamente eso, sino de la existencia del estado de excepción como norma (Agamben, 1998); lo que se intentará integrar en el punto siguiente es la importancia de la ideología de lo “bueno y lo malo” al encontrar un escalón el cual subió para ahora tener en su discurso “lo normal y lo anormal”, siendo la prisión y con ella, el dispositivo psi, dos elementos esenciales para ese proceso de normalización, sin olvidar mencionar que esta es sólo una de las visiones desde donde podemos ver el castigo el cual involucra factores económicos y políticos muy complejos…«Ver Artículo Completo»
 


” El poder de castigar ” – Extracto de:

FUENTE

Autor: Mtro. Guillermo Lavín Álvarez (México)
Título: La ideología del castigo y el proceso de normalización (pp. 81-96)
Revista: Archivos de Criminología, Seguridad Privada y Criminalística. Año 3, vol. V agosto-diciembre 2015

21/04/2024

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