La quimera criminológica

Dr. Gino Ríos Patio
Universidad de San Martín de Porres
Perú


 

Según Serrano (1983) la criminología siempre ha sido crítica; por ejemplo, a Lombroso solo se le conoce por su teoría sobre el delincuente nato, sin embargo en la quinta edición de su obra Luomo delinquente, hay un tercer libro que trata sobre una verdadera sociología criminal: corrupción de los poderosos, opresión sobre los humildes; justifica el bandolerismo como especie de salvaje justicia contra los opresores; la influencia de la riqueza sobre la criminalidad, el rico tiene más defensa que el pobre ante la justicia; y toma de Shakespeare que los harapos en seguida denuncian al crimen entre sus agujeros, pero el oro le oculta y defiende.

En el mismo sentido, Ferri (1907, p. 352) afirma que la justicia penal como instrumento de represión violenta y dominación de clase está destinada a desaparecer para no subsistir más, salvo como función clínica. Beccaria (1764), en “Dei delitti e delle pene” (Livorno, 1764) criticó el antiguo régimen del siglo XVIII.

Como se puede apreciar, el positivismo criminológico fue crítico y denunció la influencia política. Es que el criminólogo, como científico social, debe ser examinador y censor, políticamente independiente, para lo cual no se debe vivir de la criminología, lo que en sí mismo es una quimera. La realidad nos demuestra cotidianamente que quienes con más frecuencia violan el Derecho son aquellos que tienen el poder, sea cual fuere el sistema político; por ello, ningún partido político está interesado por la investigación criminológica.

Entonces, la nueva criminología, la criminología contemporánea, crítica o radical, postula una concepción posible para eliminar el crimen: la transformación de las estructuras socio económicas y políticas de la comunidad, para hacer la convivencia más igualitaria, justa y digna. Aunque necesaria, dicha demanda reivindicativa no pasa de ser una legítima aspiración, un ideal que convoca a la lucha a los hombres buenos y virtuosos; sin embargo, como la evolución histórica de los pueblos que han transitado por esa senda revolucionaria se ha encargado de demostrar, es irrealizable por la propia naturaleza humana dicotómica, ambigua e imperfecta; y como lo enseña la Cratología, por la naturaleza demoniaca del poder, como fenómeno biopsicoespiritual que necesita el estado para mantener el orden y evitar el caos; ya que el comportamiento desviado y la conducta infractora, por esa y muchas causas más, siempre estarán presentes en la sociedad.

Es axiomático que una investigación científica debe estar encaminada a buscar la verdad, por lo que, en ese sentido, una investigación criminológica no debe basarse en lo que se da a partir de la legislación penal y en quienes han infringido las normas penales, sino en el sistema jurídico, en el carácter problemático del ordenamiento legal, a fin de que la Criminología no tenga ese carácter ministerial o servicial respecto del Derecho Penal. Basta ya de tutelas penales que han evitado una visión autónoma de la Criminología, la que, bueno es reiterarlo, no pertenece a la ciencia penal.

 

La quimera criminológica

La quimera criminológica

 

En el Perú, por ejemplo, no hay una sola Facultad de Criminología ni un Programa de especialización a nivel de postgrado, lo mismo ocurre en otros países latinoamericanos. En Venezuela hay una Facultad. En México hay ocho universidades públicas y más de 50 universidades e institutos superiores que ofrecen esta carrera; sin embargo, la criminalidad no cede y, periódicamente nos sobrecogemos de dolor moral con las noticias acerca de verdaderas masacres, como la que terminó con la vida de 43 jóvenes estudiantes. Asimismo, la inmensa mayoría de abogados, y por tanto, de magistrados, son meros aplicadores (muchas veces arbitrarios) de las leyes, solo un grupo muy pequeño ejerce tratando de formar un nuevo Derecho.

Es palmario que todo problema encuentra solución en el análisis de sus causas sociales e individuales, de ahí que el derecho penal no sea la solución al problema de la criminalidad, que en el Perú y en Latinoamérica es grave, pues siempre llega tarde, cuando el crimen ya ha sido perpetrado y, además, solamente reprime simbólica y selectivamente, generando desde el poder una vana ilusión en la ciudadanía.

Por otro lado, es sabido que las pautas de comportamiento no son per se delictivas, sino en cuanto se les compara con otras que se (pre) consideran correctas. ¿Y quién (es) elabora (n) las normas sobre pautas de conducta social? Evidentemente, quienes están al servicio de los que tienen el poder político o económico, por lo que se inclinan a buscar el interés de éstos. Es innegable que en toda sociedad hay esferas sociales en donde penetra el Derecho, etiquetando y estigmatizando a los infractores; y otros ámbitos impermeables en los que no lo hace, que constituye la cifra dorada de la criminalidad.

De ahí que la mayoría de las verdaderas causas del delito tienen que ver necesariamente con la justa satisfacción de la necesidades básicas de la persona humana, la equitativa distribución social de la riqueza, la igualdad de oportunidades, ante la ley y ante quienes aplican la ley, y la injusticia social, entre otros resortes socio económicos estructurales.

Obviamente, hay otras causas individuales que por más que mejorara la estructura socio económica, no desaparecería la conducta desviada, sin embargo, son cuantitativamente minoritarias, por lo que la prevención y el control de la criminalidad sí tiene mucho que ver con las causas estructurales socio económicas, cuya mejora originaría una reducción de la criminalidad.

Por ello, lo único que quizás sea más efectivo para impedir drásticamente el desbordamiento de los crímenes, no su eliminación, podría ser la educación del ser humano en valores éticos, que tienen más fuerza que el Código Penal y que es, sin lugar a dudas, la única herramienta capaz de transformar al ser humano, el único medio idóneo para humanizarlo y rescatarlo de la animalidad en la que actualmente se debate en medio del avance científico y tecnológico; y el único instrumento pertinente para recordarle su finitud, relatividad y levedad, a fin de que el poder terrenal que pueda llegar a poseer por poco tiempo, lo emplee en beneficio del prójimo y no en su perjuicio…«Ver Artículo Completo»
 


” La quimera criminológica ” – Extracto de:

FUENTE

Autor: Dr. Gino Ríos Patio (Perú)
Título: De la leyenda criminológica a la quimera criminológica…a través de la mitología penal… Ensayo observacional, experimental, situacional y prospectivo (pp. 49-59)
Revista: Archivos de Criminología, Seguridad Privada y Criminalística. Año 3, vol. V agosto-diciembre 2015

30/01/2024

Antes de irte... ¡No te olvides de dejarnos tu correo!

 

Cada mes tenemos cursos con ofertas especiales, por tiempo limitado, solo para nuestros usuarios registrados

Responsable de los datos: Marta Pellón Pérez
Finalidad de los datos: Enviarte información y ofertas de nuestros cursos
Almacenamiento de los datos: Base de datos alojada en Mailrelay

Legitimación: Tu consentimiento
Derechos: En cualquier momento podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación o suprimir tus datos enviando un email a info@estudiocriminal.eu. Encontrarás más información en nuestra Política de Privacidad