Principios clínicos y psicológicos para el tratamiento de los delincuentes
Meta-análisis
Dr. José Luis Alba Robles
Dra. Concepción Aroca Montolio
Dra. María Jesús López Latorre
Universidad de Valencia
España
En contraste con los meta-análisis mostrados en nuestra entrada del Blog de la semana pasada titulada “Efectos globales en la reincidencia”, los que se incluyen en este apartado se caracterizan por una investigación más “agresiva” en la búsqueda de principios adicionales clínicos y psicológicos, relevantes para el tratamiento de los delincuentes, lo que denominamos principios de evaluación e intervención eficaz (Giménez y Alba, 2014;Hodge y Andrews, 2002). Esto es, persiguen establecer cuáles son los principios de intervención que deben tener presentes todos aquellos técnicos educativos que se acercan al sistema de justicia con la intención de reducir de manera eficaz la reincidencia de la conducta delictiva en los jóvenes.
La investigación de principios de intervención en este sentido comenzó en la década de los 90, cuando Andrews y colaboradores codificaron la literatura sobre tratamientos mediante una serie de dimensiones variadas, la más importante de las cuales fue la idoneidad de los servicios de tratamiento, lo que englobaría lo que se denomina principio de capacidad de respuesta. Los servicios apropiados fueron definidos como aquéllos que son conductuales en su naturaleza (principio de capacidad de respuesta general) y dirigidos hacia las necesidades criminógenas de los delincuentes de alto riesgo (principio de la necesidad y del riesgo).
Los tratamientos conductuales estándar en la literatura sobre delincuentes son bien conocidos por los psicólogos (Gendreau, 1996b; Garrido y López Latorre, 2005; McGuire, 2005; Lipsey, 2005). Además, es relevante destacar que Andrews y Bonta (2003) señalaron también un principio de capacidad de respuesta específico basado en el tipo de delincuentes, psicólogos o educadores y las características del programa. Por ejemplo, los delincuentes con bajo coeficiente intelectual (CI) pueden funcionar mejor con técnicas conductuales como la economía de fichas y con profesionales bien adiestrados en la modificación de su estilo de pensamiento (Cullen, Gendreau, Jarjoura y Wright, 1997). Desafortunadamente, han sido muy pocos los estudios publicados que han evaluado este principio de respuesta potencial (Andrews y Bonta, 2006).

Principios clínicos y psicológicos para el tratamiento de los delincuentes
Por otro lado, el principio de la necesidad cuyo objetivo son las necesidades criminógenas, recoge la asunción de que los programas eficaces impacten sobre los atributos que la evidencia empírica ha demostrado que son predictores válidos de reincidencia. Existen dos tipos de predictores en este sentido: Los estáticos; por ejemplo: Historia criminal, y los dinámicos; por ejemplo: Valores antisociales. Los últimos se refieren a las necesidades criminógenas y, dada su naturaleza mutable, son óptimos objetivos de tratamiento. Algunos de estos factores de riesgo dinámicos son las actitudes antisociales, los déficit socio-cognitivos, la asociación con pares antisociales, y algunos factores de personalidad como la impulsividad o el pobre autocontrol (Garrido y López-Latorre, 2005; Giménez y Alba, 2014).
Los meta-análisis posteriores (Bonta, Law y Hanson, 1998; Gendreau, Little y Goggin, 1996) demostraron que este tipo de necesidades criminógenas son fuertes predictores de reincidencia y confirmaron la débil validez predictiva de factores hasta ahora utilizados como objetivos de tratamiento; por ejemplo: Baja autoestima, depresión, ansiedad, etcétera. De hecho, si focalizamos la intervención en estos últimos factores, tradicionalmente considerados como objetivos de tratamiento, los efectos en la reincidencia serán poco relevantes (Gendreau, et al., 1996; Garrido, et al., 2014).
Por su parte, el principio del riesgo (tercer principio) habla sobre la necesidad de distinguir entre los delincuentes con diferentes niveles de riesgo, ya que los sujetos de alto riesgo son la población óptima para las intervenciones conductuales, dado que representan el mayor riesgo para la sociedad (Bonta, 1996). Por el contrario, los delincuentes de bajo riesgo requieren de una intervención más suave, ya que poseen menos necesidades criminógenas. Someterlos a intervenciones intensivas, por tanto, no resulta rentable en cuanto a costes-beneficios. Además, algunos estudios han mostrado un incremento en la reincidencia en sujetos de bajo riesgo tras someterlos a tratamientos intensivos (Andrews, Bonta y Hoge, 1990; Gendreau, et al., 2006).
En este sentido, nos sirve de ejemplo el meta-análisis de Andrews y colaboradores (1990). Este estudio recogió 154 TE, obteniendo un tamaño del efecto promedio de r=.10, y lo más importante, encontró que los tratamientos apropiados reducen la reincidencia en r=.30 (lo que supone un 30% de eficacia sobre el grupo de los no tratados o grupo control). Sin embargo, los tratamientos ineficaces (como: Intervenciones intensivas con sujetos de bajo riesgo, terapias no directivas, de corte psicodinámico, milieux therapys –terapias basadas en actividades ecológicas como la agricultura o el cuidado de animales–, y servicios basados en el castigo o la amenaza) producen un incremento en la reincidencia (r=-0.60). Además, los tratamientos aplicados en la comunidad son más eficaces que los aplicados en régimen cerrado (r=.35 contra r=.17)…«Ver Artículo Completo»
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FUENTE
Autor: Dr. José Luis Alba Robles, Dra. Concepción Aroca Montolio y Dra. María Jesús López Latorre (España)
Título: El modelo criminológico de evaluación e intervención para menores en conflicto con la ley / The criminological model of assessment and intervention for children in conflict with the law (pp. 8-37)
Revista: Archivos de Criminología, Seguridad Privada y Criminalística. Año 3, vol. VI enero-julio 2016
17/09/2024